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La Boda de Moria en Buzios
por admin | Agosto 28, 2008
“Celebramos el amor que nos sorprendió hace seis meses”
—¿Cómo se siente después de la ceremonia en la que confirmó su amor por Andrés?
—En plena honney moony. Me siento muy bien. Ahora, más relajada y feliz por la decisión que tomamos. Como soy una mujer totalmente espontánea, esto que hicimos, también lo fue.
—¿En qué momento surgió la idea de esta boda, o manera tan original de manifestar el sentimiento que los une?
—Como todas las cosas que hago en mi vida, no planeé nada, fluyó naturalmente. Una mañana nos despertamos y Andrés me dijo: ¿Por qué no nos casamos para el día de tu cumpleaños? Todo comenzó como un juego. Pero, como nuestra relación es tan intensa, lo que arrancó como un juego terminó convirtiéndose en nuestra realidad.
—¿En algún momento sintió temor de afrontar este compromiso?
—Sí, debo confesar que en un momento sentí un miedito muy profundo. Sensación muy rara en mí que jamás manifesté temor por nada. Pero enseguida se me pasó. No permito que los “panic attack” me paralicen. Y me dije: “no tenés que asustarte”. Pensé ¿por qué no? Si a mi los riesgos me atraen sobremanera. También me daba un poco de pudor mostrar un momento tan íntimo de felicidad. Además, como estoy en contra de todo formalismo, quería reconfirmar nuestra relación, pero no tenía muy en claro de qué manera hacerlo.
—¿Y cómo tomó la decisión de realizar esta boda?
—Tengo otro sentido del amor que el del común de la gente. No puedo exponer mi sensibilidad y, de alguna manera, lo vivo haciendo ¿no? Bueno, soy una paradoja viviente. Pero, por primera vez, sentí la necesidad de desnudar mi alma frente a alguien. De exponer lo que estaba sintiendo y viviendo. Pero desdramaticé algo que puede convertirse en una ceremonia muy seria y me relajé a disfrutar mi propio momento de felicidad.
—¿No fue una ceremonia religiosa, con un cura como Dios manda?
—A mí no me manda nadie. Soy muy creyente, pero los casamientos convencionales me deprimen mucho. Todo lo ritualista me bajonea profundamente. No fue con firma de papeles y esas cosas en las que mucha gente cree y yo no. Pero, para mí fue algo interno muy fuerte, muy movilizador. Yo quise estandarizar la relación. Afirmar un sentimiento, una pasión que tengo con el hombre que está a mi lado, pero de una manera no convencional. Jamás voy a una boda en una iglesia porque salgo totalmente deprimida y, obviamente, no quiero eso para mí. Y esto no es una locura que me agarró de grande. Siempre fui así. No quería fiesta de 15 años, ni ninguno de esos ritos con los que sueñan todas las mujeres desde muy chiquitas. No soy una mujer convencional.
—¿Pero sí aceptó la alianza que compromete su corazón con el de Andrés?
—Sí, pero una alianza no me hace sentir atada a nada. Si alguien lo quiere tomar como un símbolo, sí lo es, pero de amor el uno por el otro. Para mí es también un terreno virgen porque mi mano siempre estuvo desnuda de alianza de compromiso y mucho menos matrimonial. Así es que debuté en otro punto más de mi vida. Siento que la alianza afianza pero no modifica nada, tampoco me condiciona a nada. Y, en esto, con Andrés somos bastante autistas así es que estamos de acuerdo en todo. Queremos la dualidad en la pareja y con alianzas o sin ellas, estamos dispuestos a mantener nuestras propias libertades. Yo tengo mi trabajo que me ocupa y él tiene lo suyo. Hoy miro mi mano y la alianza no la veo en el sentido de la posesión de otro. Para nada, la siento como un permiso que me di en la vida.
—Ud. habla de un permiso que se dio ¿fue el de sentir amor y vivirlo?
—Sí, totalmente. Como ya dije, en un momento pensé ¿qué hago con un hombre que conocí hace sólo seis meses? Pero, inmediatamente lo miré y supe la respuesta. Escuché su voz diciéndome al oído: “Permitime que entre en tu corazón”, y sentí que era hora de relajarme un poco a vivir lo que tenía enfrente sin culpas.
—Y hace seis meses, cuando lo vio por primera vez, ¿intuyó que viviría una historia de amor como ésta?
—Es todo demasiado mágico. Fue un verano muy raro para mí, muy relajado. Por primera vez después de muchos años decidí quedarme en Buenos Aires, y eso ya me sonó raro. Era como que me estaba preparando para algo muy importante que me iba a pasar. Pero, inconscientemente. Una noche fui a bailar y apenas nos conocimos, me dijo: “Nosotros nos vamos a casar”. Al día siguiente fue al teatro a verme y salimos. Pero durante unos cuantos días no pasó nada. Yo viajé a Córdoba y él a Bahía Blanca, y cuando nos reencontramos nos unimos de tal manera que ya no volvimos a separarnos. Yo estaba cerrada al amor y no sé qué pasó. Porque las primeras salidas, hice cosas que jamás había hecho por un hombre con el que no tenía ni un roce siquiera. Me encontró muy armonizada, segura de que algo bueno me estaría por suceder.
—¿Estaba cerrada al amor, pero con el corazón latiendo y abierto?
—Evidentemente sí. Porque sentí lo que siento cuando empiezo una relación, que no existía el pasado ni valían las comparaciones. Simplemente vi ante mí a un hombre seguro y verdadero. Hubo mucha piel, atracción, miradas, todo lo que necesita la seducción. Además, me trató como a una mujer normal, naturalmente, como nadie lo había hecho antes. Por esa razón también sentí que debía darme el permiso para vivir algo normal. Simplemente, la relación entre una mujer y un hombre.
—¿Y qué cosas la cautivaron de ese hombre que se atrevía a seducirla?
—Fundamentalmente me compró el hecho de ser alguien del interior del país. Yo nunca había salido con un hombre de la provincia. No se dejó marear por el personaje de Moria, ni tampoco por las luces del Obelisco que represento. Se animó a ahondar más allá de el personaje. Y no se sintió fagocitado por Moria Casán. Me parece súper maduro, inteligente y muy seductor. A tal punto sentí que estaba frente a un hombre de verdad que a los tres días nos fuimos a vivir juntos.
—¿Qué es lo que más la atrae de Andrés?
—Andrés me hizo una declaración de amor que nadie me había hecho hasta ahora. Siento que me encanta todo de él. Tenemos muchísima piel. Estamos como en llamas todo el tiempo. Somos una especie de adictos al sexo. Durante todo el día tenemos necesidad el uno del otro. Todo el tiempo queremos tocarnos, acariciarnos, hacernos el amor hasta quedar exhaustos, sin aliento. Tuvimos la noche de bodas y la luna de miel más fogosa de la historia. Más allá de esto, me gusta su fuerte personalidad, de típico capricorniano. Y, como si fuera poco, no es un Morio más. No tiene ningún rollo de ese tipo.
—¿Piensa en un futuro lejano juntos?
—Jamás me gustó proyectar nada. Por el simple hecho que si después las cosas no salen como una las pensó, me siente frustrada. Y nunca será mi caso. Con Andrés nos llevamos bien porque, como ya dije, ambos somos un poco autistas y tenemos grandes diferencias, pero de confrontaciones de personalidad nada más. No proyecto, vivo el ahora. Pienso seguir con él pero vamos a estar juntos hasta que sintamos la necesidad de estarlo. Por eso hablamos sobre todo lo que sentimos y nos pasa.
—¿Qué lugar ocupa hoy él en su vida?
—Hoy siento que es mi chico, mi marido, mi pareja, mi par. El hombre que me hace sentir feliz. Quien me hace sentir una mujer completa. El hombre que necesitaba y que me hace el amor todos los días y a toda hora. Un combo perfecto.
—Andrés, ¿Ud. cómo vivió esta especial ceremonia de confirmación del amor?
—Obviamente, con gran felicidad y mucha emoción. No fue una ceremonia convencional. A ninguno de los dos nos gustan esas cosas almidonadas. Por eso lo hicimos a nuestra manera. Y lo vivimos con alegría y con todo nuestro amor. Somos felices experimentando el día a día. Desde que nos conocimos nos fuimos a vivir juntos sin pensar en nada más. Desde los 4 años juego al básquet profesionalmente en la Liga Nacional. Fueron 17 años de carrera dura. Pero dejé toda mi vida en Bahía Blanca, donde está mi familia, para acompañarla y no volver a separarnos. No lo dudé ni un instante. Me vine a vivir esta historia de amor verdadera, no de película. Y empecé a respirar con ella. Hoy, con la humildad que me enseñó mi familia, siempre en positivo y, derramando alegría, me ganaré mi lugar a su lado. Porque estoy terminando el curso de entrenador técnico profesional de la Liga de Básquet para continuar desarrollando en la cancha mi talento.
Fuente: Revista Caras
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1 Comentario en “La Boda de Moria en Buzios”
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Septiembre 19th, 2008 at 9:28 am
JA JA JA… OTRO IMBECIL CAYO ENTRE LAS PIERNAS Y EL ARO MANOSEADO DE ESTA VIEJA CORRUPTA… QUE CON PALABRAS REVBUSCADAS SE SIGUE JUSTIFICANDO ANTE EL MIEDO A DESAPARECER.
IMBECIL: como persona que deja heridas en el camino.
VIVO: como hombre que aunque dé vergüenza las manifestaciones ded que es objeto, no le importe nada sólo vivir a costillas de la vieja que lo unico que le importa es que la “cojan”…
ESTO ES UNA VERGÜENZA MAS EN ESTA SOCIEDAD PODRIDA QUE NOS RODEA…